Círculo Cultural Hispano Haitiano

El fútbol devuelve la sonrisa a Haití: clasificación histórica al Mundial tras medio siglo

Istwa, que en criollo haitiano significa “historia”, es exactamente lo que escribió la selección haitiana la madrugada de este martes con su victoria por dos a cero frente a Nicaragua. Un país que llevaba 52 años sin pisar un Mundial desde aquel lejano 1974 vuelve por fin a una cita que parecía un sueño inalcanzable. Para entenderlo, basta recordar que la última vez que Haití jugó la máxima competición del fútbol mundial ni siquiera existían inventos tan cotidianos hoy como el teléfono móvil, Internet o el GPS. Este martes 18 de noviembre del año 2025, medio siglo después, Haití vuelve a hacer historia.

Podría detenerme en la táctica, en el esquema que planteó Sébastien Migné, en el tipo de presión que ejecutó el equipo o en las herramientas que usaron para desactivar al rival. Pero hoy no toca hablar de pizarra. Hoy es un día para hablar de legado, de lo que significa esta clasificación para un país que llevaba demasiado tiempo esperando un momento así.

Bajo la dura realidad que vive Haití desde el asesinato de su presidente en 2021 y la toma de Puerto Príncipe por parte de las bandas armadas, el martes ocurrió algo que parecía imposible. Aunque fuera solo por un instante, y a través de algo tan aparentemente banal como el fútbol, el país pudo respirar. La gente salió a las calles a celebrar, a bailar y a cantar, como si por unas horas se hubiese decretado una tregua en medio de la violencia. Fue una forma de recordarle al mundo que Haití nunca se rinde y que, cuando se lo propone, es capaz de resistir y superar cualquier adversidad.

Como si el destino hubiese querido escribir el guion, esta victoria de Haití llegó justo el mismo día del aniversario de la Batalla de Vertières (1803), el enfrentamiento decisivo de la Revolución Haitiana en el que los combatientes del país derrotaron al ejército napoleónico. Aquella victoria abrió el camino hacia la independencia y se convirtió en un símbolo eterno de libertad y emancipación. Este martes, más de dos siglos después, parecía como si los jugadores hubieran heredado el alma de aquellos soldados para empujar a Haití hacia su segundo Mundial en la historia.

Si algo tiene de mágico el fútbol son las historias individuales que esconde detrás de cada victoria. En esta selección hay nombres fundamentales para entender este hito como Pierrot, Bellegarde o el propio Sébastien Migné, pero yo quiero detenerme en quien, para mí, ha sido el verdadero héroe y el corazón de este equipo: Johnny Placide. A sus treinta y siete años, después de toda una vida defendiendo los colores de Haití, por fin ha visto cumplido su sueño en la que probablemente era su última oportunidad de jugar un Mundial. Sus intervenciones decisivas, especialmente en los partidos contra Honduras y Nicaragua, ya forman parte de la memoria de los aficionados.

Desde que en 1804 Haití se independizara, el país ha tenido que luchar contra viento y marea para sobrevivir y mantenerse en pie. A pesar de los continuos golpes, Haití nunca ha caído y, como Rocky Balboa, siempre ha sabido levantarse. Conviene recordar que, debido a los problemas internos del país, la selección haitiana no ha podido disputar esta bonita fase de grupos en su estadio, donde no juega desde hace cuatro años. Su entrenador, durante todo su mandato, ni siquiera ha podido pisar el país por la inseguridad creciente que se vive cada día. Y aun así, con lucha, sudor y sacrificio, este equipo ha logrado llevar consigo las esperanzas de toda una nación, transportarlas miles de kilómetros y ponerlas sobre el campo para seguir soñando.

Una clasificación que no podría haber sido más de película. Haití se jugaba la vida en la última jornada con todos los escenarios posibles sobre la mesa: clasificarse, ir al repechaje o quedar tristemente eliminada. No bastaba con que el equipo hiciera sus deberes y venciera a Nicaragua; también necesitaba que Honduras empatara como finalmente ocurrió o perdiera ante Costa Rica.

Y, como si el destino quisiera añadirle dramatismo, el partido de Haití terminó antes que el de su rival directo. Los jugadores, ya agotados y con el alma en vilo, se reunieron en el césped alrededor de un móvil para seguir los últimos minutos del encuentro de Honduras. Cada pase, cada despeje y cada segundo añadido se vivió como un latido contenido. Hasta que, por fin, el árbitro señaló el final y el marcador no se movió del empate.

Entonces llegó la explosión. Un momento que nos regaló imágenes inolvidables: jugadores llorando, saltando, abrazándose, sintiendo que por fin la alegría también podía ser parte de su historia. Una celebración que reflejó el corazón de un pueblo que ha sufrido demasiado, pero que nunca ha dejado de creer.

Nadie sabe qué le deparará a Haití en este Mundial del año 2026, pero, como dijo Chicharito, ¿por qué no “¡imaginar cosas chingonas!”?

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